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Ellos ya tienen su plaza

¿Serás el siguiente?

Nota: 9.2

"Conseguí plaza en mi primera convocatoria. La programación que hice con Prográmalo destacó por su estructura y coherencia curricular."

Marina López

Plaza en Primaria

Nota: 8.7

"Llevaba 3 convocatorias sin aprobar la programación. Este año, con Prográmalo, saqué un 8.7. La vinculación curricular era impecable."

Javier Ruiz

Plaza en Secundaria

Nota: 8.4

"Me ahorré 2 meses de trabajo en la programación. Pude dedicar ese tiempo a estudiar los temas y preparar la defensa oral."

Ana Fernández

Lista de interinos

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La programación de oposición y la de aula no son el mismo documento

Se parecen en la estructura y se diferencian en el propósito: una se escribe para llevarla al aula durante un curso, la otra para defenderla ante un tribunal en veinte o treinta minutos.

Qué valora un tribunal y qué valora la inspección

La inspección comprueba cumplimiento: apartados completos, currículo vigente en la comunidad y evaluación descrita. El tribunal comprueba eso mismo, pero además compara decenas de programaciones parecidas y puntúa lo que las distingue: coherencia interna, justificación de cada decisión metodológica y viabilidad real.

Requisitos formales: leer la convocatoria antes que nada

Las oposiciones docentes se convocan por comunidad autónoma y cada convocatoria fija sus reglas: máximo de páginas y anexos, tipo de letra, interlineado, entrega en papel o telemática, número mínimo de unidades y plazo de presentación, casi siempre anterior a la prueba. Incumplir un requisito formal puede suponer la exclusión.

La contextualización, el apartado que más delata

Cuando el contexto de centro y grupo es genérico e intercambiable, el resto del documento queda flotando. Cuando es concreto y además se usa (la metodología responde a ese alumnado, las medidas de atención a la diversidad a esos casos), la programación gana coherencia. No hace falta que el centro sea real, sí verosímil, porque el tribunal preguntará por él.

Las unidades didácticas y situaciones de aprendizaje que la componen

Cuántas, cómo se reparten y qué llevan dentro

El número lo fija la convocatoria; lo habitual son entre diez y quince unidades para un curso, ajustadas a un calendario realista con festivos y sesiones de evaluación descontados. Cada una debería mostrar sus competencias específicas y criterios de evaluación, los saberes básicos, la secuencia de actividades temporalizada, el producto final y los instrumentos.

Coherencia vertical: el hilo que el tribunal sigue

El recorrido que suele comprobarse es perfil de salida y descriptores operativos, competencias específicas, criterios de evaluación, saberes básicos y, de ahí, actividades e instrumentos. Si un criterio aparece en los objetivos pero no se evalúa en ninguna unidad, el hilo se rompe. Una tabla que cruce unidades y criterios enseña esos huecos de un vistazo.

La unidad que se desarrolla y se defiende

En la mayoría de convocatorias no se defiende la programación entera, sino una unidad extraída al azar o elegida entre varias sacadas a sorteo, así que no sirve tener dos brillantes y once esquemáticas. En ella se espera concreción de sesión: qué hace el docente, qué hace el alumnado, cómo se agrupa, cuánto dura cada momento y cómo se evalúa.

La defensa oral se entrena, no se improvisa

Una programación buena mal defendida puntúa poco y una correcta bien defendida puntúa alto. Es la parte del proceso con mejor relación entre esfuerzo y nota.

Estructura, tiempo y material de apoyo

Con un tiempo tasado, habitualmente entre veinte y treinta minutos para exposición y debate según convocatoria, el reparto importa tanto como el contenido: presentación breve de la programación, el grueso para la unidad y un cierre con evaluación y atención a la diversidad. El guion permitido no es el texto de la exposición sino un esquema de palabras clave, porque leer penaliza casi siempre.

El turno de preguntas del tribunal

Las preguntas se repiten más de lo que parece: por qué esa metodología, cómo evalúas realmente ese criterio, qué harías con un alumno que no sigue el ritmo o qué haces si el centro no tiene esos recursos. Todas se preparan por adelantado, y ante una que no dominas, razonar profesionalmente resta menos que improvisar datos.

Cómo repartir la preparación en el calendario

De la publicación de la convocatoria a la entrega

Un reparto realista partiendo de cero: un primer mes para la convocatoria, los criterios de valoración y el currículo de la comunidad; dos o tres meses para redactar la programación y las unidades; y el último tramo para ensayar la defensa en voz alta y cronometrada. Quien oposita trabajando gana separando tareas: el temario rinde en sesiones cortas y frecuentes, la programación en bloques largos.

Errores frecuentes en la recta final

Los más caros son formales y evitables: entregar sin comprobar el número de páginas o de unidades, citar normativa derogada o de otra comunidad, un índice que no coincide con la paginación o datos que no corresponden. Una lectura completa e impresa antes de entregar los detecta casi todos. Añadir apartados de última hora para engordar el documento no puntúa más.

Preguntas frecuentes

¿Cuántas unidades didácticas tiene que tener la programación de oposición?
Lo fija cada convocatoria autonómica, así que es el primer dato que buscar. Lo más frecuente es un mínimo de entre diez y quince unidades para un curso completo, y presentar menos de las exigidas puede suponer la exclusión. Comprueba también si se limita la extensión total, porque ambos requisitos van unidos.
¿Puedo presentar la misma programación en dos comunidades autónomas?
La estructura y buena parte del contenido pedagógico son reutilizables, pero no se entrega tal cual. Cambian el currículo autonómico (competencias específicas, criterios de evaluación y saberes básicos, con redacción propia), la normativa que hay que citar y los requisitos formales de cada convocatoria.
¿Se puede usar una programación generada con inteligencia artificial?
No hay norma que lo impida, igual que no la hay para usar plantillas, libros o academias. El punto crítico es otro: la programación se defiende oralmente y el tribunal pregunta por las decisiones que contiene, así que un documento que no dominas te perjudica sea cual sea su origen.
¿Se defiende toda la programación o solo una unidad didáctica?
Depende de la convocatoria y del cuerpo. El modelo más extendido combina una presentación breve del conjunto con el desarrollo detallado de una unidad, extraída al azar o elegida entre varias sacadas a sorteo, y un turno de preguntas. Por eso todas deben estar desarrolladas a un nivel equivalente.
¿Qué normativa hay que citar en la programación?
Como mínimo, la ley educativa vigente y el currículo básico estatal, el decreto de currículo de tu comunidad para la etapa correspondiente y la normativa autonómica de evaluación y de atención a la diversidad. Citar textos derogados es uno de los descuidos que más rápido resta puntos.
¿Qué extensión debe tener la programación didáctica?
La que permita la convocatoria, que suele fijar máximo de páginas, tipo de letra e interlineado. Dentro de ese límite, más extensión no significa más nota: los criterios de valoración publicados premian coherencia, fundamentación y viabilidad, no volumen.
¿Puedo usar después la programación de la oposición en mi aula?
Como punto de partida sí; tal cual, casi nunca. La de oposición está pensada para un centro y un grupo hipotéticos y para ser defendida, mientras que la de aula debe encajar con la programación real del departamento y con el alumnado que tienes. Sí se aprovecha la vinculación curricular ya hecha.
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